¿Peligro por la implosión demográfica?
Hoy en día, nuestro planeta está poblado por 6.700 millones de seres humanos. Según las previsiones “medias” del Fondo de Población de las Naciones Unidas, en 2025 la población mundial se cifrará en 8.000 millones, en 2050 alcanzará los 9.200 millones y hacia el año 2100 se estabilizará en una cifra levemente inferior a 11.000 millones. Es posible que esas cifras no lleguen a alcanzarse nunca, ya que en los últimos decenios las previsiones demográficas se han venido revisando continuamente para reducirlas, debido a la aceleración de la transición demográfica en el mundo. Desde principios del decenio de 1990, el ritmo del crecimiento demográfico se está desacelerando debido al aumento de la escolarización de las niñas, a la planificación familiar y, en general, al desarrollo. En contra de lo que algunos expertos temían, el peligro de una explosión demográfica incontrolada parece alejarse. Más bien se corre el riego de que se produzca una implosión, habida cuenta de que en algunos países la población está disminuyendo. Sin embargo, la transición demográfica no debe ocultar los desafíos que se plantean en relación con los recursos alimentarios, el medio ambiente, la pobreza y el desarrollo. Cabe preguntarse cómo se van a afrontar problemas como el envejecimiento, las necesidades en materia de educación y salud de la población mayoritariamente joven de los países en desarrollo y los movimientos migratorios provocados por la mundialización. No hay que regocijarse ni quejarse, tan sólo podemos dejar constancia de ello. Comentarlas sería volver a emitir un juicio moral sobre estas cifras. En cambio, lo que plantea un problema son nuestras actitudes consumistas. Los países del Sur tienden cada vez más a adoptar el modelo calcado del de los Estados Unidos, lo que es muy inquietante para el futuro. Esto parece dar la razón a quienes hace treinta años acusaban a la población de ser la responsable de todos los males. Ahora bien, la población no es el mal en sí mismo, sino que es un factor multiplicador. El verdadero problema es el modelo de consumo.
